El porqué de este material, se resume en la necesidad de dar respuestas a las diferentes problemáticas que padecemos quienes sufrimos -bajo este sistema de explotación y muerte- las mayores injusticias y desigualdades conocidas sobre la tierra. Dice un viejo refrán que todo aquel que no conozca su historia está condenado a repetirla, más aún, existe otro que plantea que la historia la escriben los vencedores. Por el contrario, entendemos, que en nosotros se encuentra la posibilidad de terminar con esa suerte de destino eterno. Ponerle fin a esta situación para que la historia no la cuenten más nuestros enemigos sino que nuestro presente y futuro sea obra de nuestro trabajo y determinación.

La importancia de conocer nuestra historia radica en comprender que no somos los primeros, ni que tampoco estamos sólos. Son cientos de miles los sujetos organizados que en todo lugar del mundo y en diferentes momentos históricos han hecho frente al mayor de nuestros males. Nuestra clase ha sabido dar respuesta y confrontar contra el capitalismo en todo momento, más aún, ha desarrollado con errores y aciertos, un sistema social y económico más justo, encaminado en lo que conocemos y queremos conquistar como socialismo.  

En Argentina, no podemos dejar de mencionar las experiencias de lucha de la clase obrera de las cuales nos nutrimos, y son parte de nuestro adn. Ya desde principios de siglo XX con los sucesos de la Patagonia Rebelde y la semana trágica, pasando por la resistencia peronista, el sindicalismo de liberación, el Rosariazo y el Cordobazo, la inmensa lucha que libraron las organizaciones revolucionarias de mediados de los sesenta, el Santiagueñazo, Cutral Có y General Mosconi y los múltiples métodos de lucha que se fueron abriendo paso hacia finales del siglo pasado que tenazmente desembocaron en la rebelión popular de diciembre de 2001, los altísimos niveles de confrontación que se vivieron en junio de 2002 en la batalla de Avellaneda, impulsado y desarrollado por las organizaciones piqueteras que representaron y representan un dolor de cabeza para la burguesía.

Qué perspectiva adquiere la lucha de clases en nuestro país es algo que debe preocuparnos y ponernos como protagonistas en la solución colectiva. Este punto es fundamental para entender cómo es posible ir desenvolviendo, destrabando, los obstáculos que aún nos detienen. Evidentemente, y así lo confirman las estadísticas, los trabajadores no han cesado de luchar, movilizados en mayor o menor medida nos hemos enfrentado contra las políticas de saqueo y explotación, con mayores o menores niveles de organización, con las herramientas que se puede, pero se pelea.

Como organización, entendemos que la lucha debe tomar una perspectiva revolucionaria, esto implica que debemos preparar nuestras fuerzas para llevar adelante el proceso revolucionario que ponga fin a la dominación de la burguesía en nuestro país y en el resto de nuestra américa, e ir desarrollando paralelamente una fuerza social capaz de gobernar a favor de los intereses de las grandes mayorías. Es decir, construir poder popular, poder revolucionario, la única herramienta capaz de dar respuestas propias a las demandas más urgentes de los explotados, sin olvidar que nuestro horizonte en ese camino es la construcción del socialismo.

Concretamente entendemos que en las condiciones actuales no hay más nada que esperar, como nos decía el Che, ya no hay reforma posible dentro del sistema, o revolución socialista o caricatura de revolución. Lo que está en juego es nuestra vida, la vida de la humanidad. Las instituciones del sistema capitalista se encuentran degradadas, desgastadas, deslegitimadas, nuestra tarea consiste en terminar de sepultarlas, no en salvarlas, como piensan determinados sectores funcionales al sistema. Existe una crisis de legitimidad en las instituciones pero eso aún no se traduce en una organización independiente de las estructuras que provee la democracia burguesa. Tanto es así que incluso sectores de la izquierda, se enmarañan en el circo electoral y lejos de plantear una salida real al sistema se encargan de sostenerlo porque les queda cómodo. A esta posición debe sumarse aquellos que vencidos ideológicamente, claudican contra nuestro enemigo de clase y no hacen más que conciliar con las clases dominantes y sus Estado, el  de los monopolios.

Lo vemos, lo vivimos todos los días, a los que gobiernan no les importa nada cuando se trata de nosotros, de los humildes, de los explotados, no vacilan en dejarnos sin tierras, sin trabajo sin salud y sin educación. Dar vuelta esta situación depende exclusivamente de nosotros, en ganar las calles y correrlos de una vez y para siempre.

Las llamas del 19 y 20 e iluminan el camino de la rebelión:

Despidos, hambre y la miseria. Desocupación. Basta. El pueblo se levantó. Saqueó audazmente cadenas de hipermercados de origen multinacional para llenar el plato de comida. Batalló contra las fuerzas represivas e ingresó a la Casa Rosada. Fuego. Una seguidilla de presidentes se colgaron la cinta en una semana. Una treintena de compañeros que debemos recordar cada vez que salimos a la calle, porque están junto a todos los hombres y mujeres que puso nuestro pueblo en función de una vida más justa.

Aunque la burguesía -con sus diferentes matices, pero burguesía al fin- persiga desesperadamente poner paños fríos para apagar el calor que se les empieza a presentar bajo las plantas de sus pies, hay una realidad latente el calor de diciembre continúa presente en la memoria de nuestro pueblo. Si algo puso en evidencia la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre es la crisis de una forma de dominación, su agotamiento y las dificultades del bloque en el poder para continuar con ese modelo.

Nuevas generaciones de jóvenes arrasaron en la escena política como protagonistas de la lucha callejera, en ese combate sin tregua es que cae junto a otros Carlos “petete” Almirón.

Diciembre de 2001 es el estallido de la bronca acumulada, es la manifestación de las fuerzas que se fueron desarrollando desde mediados de los ´90 al calor de las puebladas, las asambleas populares, los cortes de ruta, bloqueos y toma de edificios públicos. Es la manifestación de un pueblo harto. Harto de esperar, y que nos machaquen con frases como “hay que esperar para votar a otro candidato” o el mensaje pesimista del “no hay nada que hacer“.

Sabemos que esto es una mentira, fuerzas puestas en la confusión y el engaño y, que si existe una salida. La salida está en un gobierno de los trabajadores, y como en aquel 19 y 20 debemos presentar batalla, echando a todos. Claro que esto no es tarea fácil, pero es la tarea necesaria, y nunca los procesos revolucionarios han venido por si solos.

Claramente, no hay más vuelta que darle. La situación frente a estos atropellos en la vida cotidiana de los trabajadores se hace insostenible, pero si algo nos enseñaron las luchas del Santiagueñazo, el Argentinazo, entre tantas otras demostraciones de nuestro pueblo, es que lo que hay que profundizar es la lucha para cambiar radicalmente este estado de cosas. En nuestro país se cuentan por miles piquetes y movilizaciones, que hablan del descontento y la bronca que existe. Son  medidas de acción, con avances y retrocesos. Evidentemente, nos sabemos como un pueblo en lucha y confiamos en ello. Debemos trabajar sobre la unidad para golpear con un solo puño y desestabilizar al gobierno que esté de turno. Se hace más que necesario por estos momentos, una organización capaz de recoger las experiencias pasadas, con la combatividad y la audacia necesaria para poder orientar los procesos de lucha que se desencadene hacia una victoria que ponga fin a la explotación y la opresión.

Entendemos que es necesario profundizar el camino de la rebelión, de la pueblada, de señalar a los verdugos de nuestro pueblo, y debemos saber que nos van a tratar de terroristas como a los hermanos originarios, que nos van a tratar de subversivos como a los 30 mil cumpas, nos van a tratar de desestabilizadores, y debemos responder con la dignidad de nuestra identidad de clase, con los anhelos de tantos compañeros y compañeras que entregaron todo de sí para transformar de raíz este sistema y es por eso que en cada lucha, no estamos solos, estamos con todos esos luchadores, que no dudan en avanzar el la construcción de poder revolucionario.

Como jóvenes afirmamos que estamos decididos a luchar, y determinados a vencer.

Vivan las rebeliones de nuestros pueblos…

Juventud Guevarista – Poder Revolucionario