Partiendo del análisis de la sociedad, la cual se encuentra dividida en dos clases diametralmente antagónicas: los explotados y los explotadores y asumiéndonos como parte de la clase trabajadora, vemos la necesidad imperiosa de que ésta se libere de los opresores y pueda finalmente gobernar en función de los intereses de las mayorías, el pueblo trabajador.

Debemos tener claro que nuestra pelea es contra la explotación, y de allí la necesidad de que todas las luchas reivindicativas trasciendan al plano político para poder lograr un cambio radical, de fondo. De aquí la importancia de la unidad entre los trabajadores, para poder pegar con un solo puño a este sistema de opresión y muerte. En otras palabras, no basta con una mejora en el salario, o con mayor presupuesto para la educación o para la salud, esto está bien y es válido pero, mientras los gobiernos sigan gobernando para los ricos, para las multinacionales y sobre todo para el imperialismo, nunca vamos a poder desarrollarnos plenamente, ni ser felices, porque mientras este sistema siga vivo, lo que ganemos hoy lo podemos perder en cuestión de horas; el capitalismo nunca le va a dar seguridad a los trabajadores, porque a la hora de ajustar, los laburantes somos la variable de ajuste.

Hoy en día, es un privilegio tener un trabajo digno (si existe el trabajo digno en el marco del capitalismo), hoy la mayoría de los jóvenes de nuestro país trabajan en condiciones deplorables y muchas veces ni siquiera eso, sino que están desocupados. Las condiciones de superexplotación son cada vez más crueles: trabajo esclavo, sumamente precarizado, sin condiciones que aseguren el bienestar de los laburantes, exponiéndolos muchas veces a grandes riesgos donde ponen en juego su vida.

No podemos dejar de destacar el rol del movimiento obrero desocupado. Nuestro país tiene una rica historia de lucha y organización de este sector. Remontándonos brevemente a la década del ´90, cuando gran parte de los trabajadores fueron despedidos de sus puestos de trabajo. En ese contexto, empiezan a surgir los movimientos sociales, que organizándose en ese propio territorio, salen a pelear para volver a conquistar el trabajo perdido. Es así que desde los piquetes, los cortes de ruta y el calor de los fogones de las gomas, nacen las organizaciones piqueteras. Por medio de estas acciones, lograron golpear fuertemente a la burguesía y arrancarle determinadas demandas a fin de ir mejorando la calidad de vida de los desocupados. Hoy en nuestro país el trabajo en blanco, el registrado, va desapareciendo día a día, lo remplaza el trabajo en negro, sumamente precarizado o tercerizado, la estabilidad laboral ya no existe y se fomentan las cooperativas truchas o pymes, donde los derechos de los trabajadores se reducen a la nada.

Por otro lado, es importante hablar sobre la persecución y el amedrentamiento a los trabajadores y en esta instancia remarcar el rol que juegan las empresas, que por medio de diferentes métodos, se encargan de infundir el miedo entre los trabajadores. Son moneda corriente, en los lugares de trabajo, las suspensiones, los contratos a corto plazo, los castigos y maltratos e incluso los despidos arbitrarios. Muchas empresas prohíben a los trabajadores afiliarse u organizarse en sus respectivos gremios para luchar por mejores condiciones laborales.

Toda esta situación profundiza las pésimas condiciones de trabajo. Sabemos que estas prácticas por parte de los empresarios encuentran apoyo y legitimación en los gremios conducidos por la burocracia sindical. Mayoritariamente, esta metodología se da en lugares donde predominan los jóvenes, es decir, la burguesía ha entendido de manera estratégica que al no poder estar organizados y sin experiencias sindicales previas difícilmente tengan las herramientas necesarias para hacerles frente a las patronales y sus burocracias.

En el mismo sentido que lo planteo Agustín Tosco, entendemos que: “la burocracia sindical es el ejercicio de los cargos sindicales, de reducir todo al sindicalismo, o sea, de administrar desde posiciones de poder los beneficios sociales, de discutir especialmente los Convenios Colectivos de Trabajo, de quedarse gobernando el movimiento obrero desde posiciones meramente administrativas, o sea, no asumir la proyección general de la lucha del movimiento obrero como factor de liberación nacional y social”[1]. Es por esto que creemos que para diferenciarnos de esas burocracias tenemos que dar la lucha dentro del sindicato por las reivindicaciones inmediatas, y fuera del mismo, por reivindicaciones sociales, nacionales e internacionales, que trasciendan lo económico y que planteen la lucha en el plano político con el objetivo de lograr el cambio fundamental de la sociedad. Básicamente salir de la oficina, estar en la calle, en la lucha, codo a codo con nuestros compañeros.

Vale también aquí mencionar la relación entre el mundo del campo laboral y el sistema de educación. Como no podría ser de otra forma estos están estrechamente ligados. Vemos como la educación se transforma en una mercancía, producto del negocio que hay en la acción de impartir enseñanza (escuelas privadas), o en un privilegio para determinados sectores de la sociedad que pueden acceder a ciertas instituciones. Hoy la gran mayoría de las escuelas, tienen graves problemas de infraestructura, a los trabajadores docentes no se les paga lo que corresponde, lejos de ser un ámbito de liberación, las instituciones educativas en su conjunto vienen a adormecer y adoctrinar a los jóvenes para que sean funcionales y se inserten de la mejor forma en el aparato de la explotación capitalista.

Más allá de esto, hay jóvenes estudiantes que se organizan y luchan por mejores condiciones de estudio, entendiendo la realidad que viven a diario y lejos de resignarse dan pelea, buscando una salida que beneficie al conjunto del pueblo.

Así como existen las burocracias sindicales, se han conformado también las burocracias estudiantiles que, desde posiciones de privilegio, llevan adelante políticas que provocan la desmovilización de los estudiantes, extendiendo su mano a quienes gobiernan y dirigen escuelas y universidades. Este tipo de prácticas son funcionales a la existencia y reproducción del sistema capitalista y no quiebran en lo más mínimo sus posiciones. Tanto escuelas como universidades nos forman (o deforman) para ser funcionales al sistema, para que seamos sus reproductores y alimentemos sus bases de acumulación de capital. La lucha dentro de las instituciones educativas, es clave, los jóvenes tenemos el compromiso de abrir las mismas al pueblo más humilde y trabajador. Las organizaciones, gremios y federaciones deberán converger en la calle junto a los sindicatos llevando adelante una postura clasista y combativa, con el objetivo de hacer temblar a quienes nos dominan y tumbar de una vez y para siempre este sistema.

Es por esto que llamamos al conjunto de los trabajadores y al pueblo en general, a organizarnos en función de lo que es nuestro, a recuperar lo que las clases dominantes nos han arrebatado que no son ni más ni menos que los medios de producción. En donde hoy, por medio de la explotación de nuestra fuerza de trabajo son los burgueses los que se llenan los bolsillos con las riquezas que producimos. Es fundamental entonces y sumamente necesario que construyamos sindicatos, centros de estudiantes, con las características que mencionamos anteriormente, que respondan a la clase trabajadora, apuntando a dar fin a la explotación del hombre por el hombre en la construcción de una sociedad nueva. Entendiendo que un sindicato o gremio no es de gran tamaño ni por su edificio ni por su número de afiliaciones, sino por el carácter de la conciencia de los trabajadores en un momento determinado y que responda a los intereses de las mayorías explotadas. En este sentido nos valemos y tomamos como ejemplo las ricas experiencias de lucha de nuestro pueblo como el Cordobazo o el Rosariazo, SITRAC- SITRAM; donde hicieron que quede sellada a fuego y para siempre la unidad obrero-estudiantil.

Es importante en este camino de lucha, la unidad de la clase y la solidaridad con todos los sectores que resisten las políticas de explotación. Son los sectores del poder quienes promueven la desarticulación de la clase trabajadora, dividiéndonos, separándonos, un primer paso para combatirlo es apelar a la unidad de quienes nos encontramos en la calle, dando pelea frente a quienes nos gobiernan y oprimen.

Entendiendo estas ideas sólo nos queda abonar a la lucha por el cambio, el cual es necesario realizarlo de manera inmediata, dado que cuanto más tardamos, los burgueses siguen mejorando sus aparatos represivos que atacan al pueblo trabajador. Como decía el Che no debemos esperar a que las condiciones se den, sino generarlas. Pero objetivamente las condiciones están, la miseria crece, no hay ni salud ni educación digna, los desocupados son cada vez más, al igual que los compañeros que no tienen vivienda. Esto nos dice, que no hay más nada que esperar, sólo nos queda hacer, practicar nuestras ideas con convicción, con coherencia y consecuencia. Llevar adelante nuestro proyecto de cambio social con estas características es lo que nos hará sentir que caminamos en el camino correcto.

[1] Frente a Frente. Agustín Tosco y José Rucci en “Las dos campanas”. Año 1973.