Partimos de un año muy significativo para la lucha de clases en Argentina. Las jornadas históricas de diciembre expresaron una demostración de fuerzas que sacudieron el escenario político en su totalidad. La enorme participación de la juventud en esas jornadas de repudio a la OMC, por la libertad de las y los presos políticos, y de interrupción de la sesión del Congreso contra la reforma previsional, mostró una fuerza de lucha que desbordó la contención institucional, del reformismo y el populismo.

A pesar de todo eso, el gobierno de Cambiemos sigue profundizando su política de saqueo feroz al pueblo trabajador, y los Macri, como parte de las familias con la riqueza más concentrada del empresariado argentino, se muestran tal cual como son, sin necesidad de caretas ni disfraces.

En este contexto, con alrededor de mil civiles y militares genocidas presos VIP, beneficiados con prisiones domiciliarias, y otros tantos que han quedado exentos de procesos y denuncias, es que el gobierno de Macri pretende acentuar la entrega de más privilegios a los represores de la última Dictadura.

Los juicios a los represores y algunos civiles sirvieron como una herramienta de legitimidad para el gobierno kirchnerista, que le permitió cooptar a parte del campo popular y dividir aguas. Hoy el gobierno de turno toma una táctica distinta, pero cada reordenamiento implica condiciones de consenso socio político que trata de ir ganando por las ideas o por la fuerza. Es por esta razón que el intento de desmantelar la política hacia represores genocidas retirados, es gradual pero avanza, manteniendo el nuevo “blanqueo” de las FFAA, aunque no se cuestione su rol de defensa del capitalismo.

El gobierno de Mauricio Macri representa fielmente lo más descompuesto del estado argentino, lo que se  expresa en una cúpula de grandes empresarios locales, del sector de la comunicación, de jueces y fuerzas represivas. Tal es así que uno de los tres jueces que ordenó el traslado de Etchecolatz a su casa- el juez Jose Valentin Martinez Sobrino- también esconde un alevoso prontuario desde la última dictadura cívico militar. Martinez Sobrino fue secretario de un juzgado de menores durante el último golpe militar, desde donde colaboró con la adopción irregular de bebés como Simón Riquelo. Fue recusado en 2010 por organismos de derechos humanos.

Desde la mayor ocupación en espacios públicos por fuerzas armadas, los aumentos en las cifras de gatillo fácil, las intervenciones represivas en las luchas obreras y populares, hasta el desfile de la independencia (que incluyó a Aldo Rico), la visita de Obama durante el 24 de Marzo, la desaparición y el asesinato de Santiago Maldonado, los disparos por la espalda a Rafael Nahuel, doctrina Chocobar y el intento de la ley del 2 por 1, son todos hechos y ejemplos que forman  parte de la política material y simbólica de este gobierno. Parte de una política que muestra la profundización de la represión y la búsqueda de su legitimidad en cada demostración de fuerza.

Por eso este 24 de marzo está cargado de un enorme significado para los revolucionarios y revolucionarias y para todo el campo popular. La última Dictadura cívico militar intentó bajo sangre y fuego apagar por siempre las aspiraciones del pueblo trabajador por ser verdaderos dueños y dueñas de sus destinos. Hoy somos parte de las nuevas generaciones que libran decenas de batallas cotidianas contra este sistema, hubo un cambio histórico de referencia, porque sufrimos aún hoy las consecuencias de la dictadura, pero somos hijos e hijas de las puebladas del 2001, y hoy nuevas generaciones también fueron las que se forjaron en las jornadas de diciembre que sacudieron el Congreso Nacional.

Luchando por recuperar lo mejor de la historia del movimiento obrero, denunciando a los represores de ayer y de hoy, alentando cada expresión de confrontación contra el poder, seguimos haciendo nuestro aporte para fortalecer la organización que permita poner en pie los anhelos de los 30 mil compañeros y compañeras desaparecidas de las y los exiliados y las y los presos, por un verdadero gobierno de la clase trabajadora y el pueblo para emprender un camino hacia la felicidad de las mayorías.

Debemos retomar las banderas de los héroes de Trelew y el Córdobazo, de los y las revolucionarios del 60 y 70, de los y las luchadoras populares contra la dictadura, de las puebladas contra el neoliberalismo, de cada lucha contra el régimen parlamentario; y con su ejemplo dar la batalla contra este sistema de opresión que nos empuja a la miseria, nos persigue, nos asesina. No tenemos más que nuestras cadenas para perder.

Santiago Maldonado y Rafael Presentes

Libertad al Lonko Jones Huala

30 mil compañeras y compañeros detenidos desaparecidos Presentes

Decididos a Luchar, Determinados a Vencer por la Revolución Socialista