En estos días, se conmemoran los 200 años de la independencia de nuestro país. Un 9 de Julio de 1816, en la famosa “Casita de Tucumán”, se rompía el vínculo con el reino de España. De esta forma se ponía fin a la dependencia política con ese país. Vale aclarar que este proceso no se desarrollaba únicamente en nuestro país, sino que se desarrollaba en todo nuestro continente.

            En el Acta de la Independencia podemos encontrar palabras tales como: “declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera”.

Pero como podemos observar en numerosos ejemplos de nuestra actualidad, lo que se firma en el papel no siempre muestra la realidad. Esta independencia ganada de España, y la mención que se hace a la independencia de “toda otra dominación extranjera” tiene una gran debilidad ya que es en eso años y particularmente desde 1813 que el poder comercial de Inglaterra comienza a consolidarse. La dependencia y la dominación extranjera aún persisten en nuestros días, ligada al imperialismo (yanqui,ruso-chino) y a los grupos económicos más concentrados del mundo.

           Si bien no podemos dejar de mencionar el aporte de tantos hombres y mujeres que lucharon en todo el continente contra la colonia y en la búsqueda de una sociedad más justa, pensandose ya como una solo América, la conducción política de esos procesos no deja de tener un límite a priori, que claro está pensarlo en 1816 aun sin la teoría y la práctica revolucionaria de la clase trabajadora plasmada en la acción, representa un camino inconcluso. Esto último va en el sentido de que por ejemplo, recién en 1848 es cuando se publica el Manifiesto Comunista.          

 Para terminar con la explotación y el saqueo que nos impone este sistema, es necesario hacer la revolución, pero no solo en nuestro país sino en todo el continente entero. El proceso debe llegar a lo más profundo de nuestra América, como lo pensaron los compañeros más avanzados hace 200 años atrás. Lo que nos va a permitir el triunfo sobre el imperialismo es la lucha codo a codo de los explotados de nuestro continente, y de todo el mundo. Dejando atrás las fronteras alguna vez impuestas por los poderosos de turno y entendiendo que el internacionalismo de clase se práctica, se lleva a la acción, y no es de otra manera que enfrentando y combatiendo los planes de saqueo y muerte llevados adelante para toda Latinoamérica.

Este es el camino que debemos continuar y profundizar en nuestros días, pero ya no quedarnos solamente en el planteo anti colonial,  sino avanzar en la construcción de una patria grande gobernada por las mayorías, por sus trabajadores, por sus campesinos, por sus pueblos originarios, por sus intelectuales honestos, por sus jóvenes decididos y convencidos.

A 200 años, vemos que lo que pasó históricamente en nuestro país y en nuestro continente es el saqueo más despiadado de nuestros bienes comunes, del mar a la cordillera, la invisibilización y asesinato de nuestros pueblos originarios, la entrega total del país a las multinacionales con cada gobierno de turno, el perfeccionamiento constante del aparato represivo para aplicarlo cada vez que haga falta para ahogar y eliminar al pueblo y sus luchas.

      Pero no se trata solo de resistir, sino de pasar a la ofensiva, confiando en la fuerza de nuestra clase, que se nutre de toda esa rica herencia de lucha que se acumula desde hace 200 años, que la llevamos dentro nuestro, dentro de nuestras venas y que aflora en cada pelea que damos en la calle, en los montes y en la selva. A el plan de saqueo, ajuste y represión del imperio hay que contraponerle el nuestro, estando lo más cerca de nuestro pueblo, haciendo que crezca cada una de las luchas que se dan hoy y lograr mejorar la coordinación de estas para golpearlos con todo. A el poder capitalista, tenemos que responderle con la construcción del poder popular, revolucionario, organizándonos en cada territorio que nos pertenece y empezar a decidir sobre nuestro destino. Para nosotros, jóvenes guevaristas, lo que está claro es que seguimos luchando, no nos derrotaron,  no les alcanzó con matar a nuestros pueblos originarios, con las dictaduras cívico-militares, no les alcanza con la represión y la miseria  diaria para callar al pueblo. Por todo eso gritamos bien fuerte:

Viva la patria grande,

Viva el socialismo,

Venceremos!

Juventud Guevarista Poder Revolucionario