La discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad esconde deliberadamente  la realidad a la que está sometida el pueblo bajo el sistema capitalista. Tanto los sectores “más progresistas”, como la derecha más recalcitrante, evitan hablar sobre cómo vivimos en los barrios más pobres. La discusión volvió a abrirse con el Ministro de justicia Germán Garavano, luego de los hechos sucedidos en el Bajo Flores, donde dos jóvenes que salieron a robar produjeron la muerte de otro pibe del barrio. El mismo debate que se repite cada vez que sucede algún episodio trágico, que nos recuerda a todos cómo vive el pueblo mientras los empresarios, los narcos, la policía y los funcionarios se llenan los bolsillos a costa de nuestras vidas. Recordemos, por ejemplo, el caso de Carolina Piparo, que llevó a Nestor Kirchner a plantear la baja de la edad de imputabilidad. Este debate siempre es acompañado por una insistente campaña de los medios de comunicación de los monopolios, que buscan, siempre desde la superficialidad, ocultar las verdaderas causas que generan la violencia e impulsar falsas soluciones, como la de meter presos a los niños y exigir más policías y “mano dura”.

Acá es cuando nos preguntamos por la inseguridad, y qué es la inseguridad, ¿todos estamos igual de seguros? ¿y el Estado?

Cuando este sistema deja sin la posibilidad de nada a la mayoría de las personas, y nos someten a la más brutal miseria, cuando en nuestras propias narices la policía libera la zona, vende droga, arma las redes de trata, permite los talleres clandestinos donde mueren niños y se somete a trabajo esclavo a muchas personas, la bronca crece, el fuego avanza, y se va  directamente a atacar el problema: la comisaría, la institución represiva por excelencia en cada uno de nuestros barrios.

Claro la salida más rápida para los gobiernos de todos los colores es cortar por el “eslabón más débil”: la juventud pobre, cuando las estadísticas indican que solo en el 1% de los casos de robo seguido de muerte son provocados por jóvenes de entre 14 y 18 años y solo el 3% de todos los homicidios. Pero es esta juventud, la de la visera, la que estigmatizan todos los días con sus discursos en los medios monopólicos de comunicación. Donde nos hablan de modelos ejemplares como el chileno o el español para implantar en nuestro país, habría que preguntarle a los jóvenes vascos, mapuches o estudiantes como los trata la policía.

Desde que el pibe pobre nace, en un hospital público despojado de casi todos sus derechos; con su madre sufriendo las violencias del sistema de salud público, está condenado a la marginalidad, está condenado a crecer en la violencia y el hambre. Cuando éste llega a la preadolescencia aparecerá el peor enemigo de un pibe pobre: la policía y la droga. Los medios de comunicación nos han convencido que Luciano Arruga fue la muestra de que hay algunos policías malos, pero la realidad es que Luciano Arruga fue uno de los tantos pibes acosados por las fuerzas represivas.

La yuta asesina invade los barrios de la periferia, persigue a los pibes, los requisa una y otra vez, les roba sus pertenencias; si alguno se resiste los llevan detenidos, los golpean, los torturan, en muchos casos los violan y los largan para que la historia se vuelva a repetir.

Muchos de estos pibes que crecieron en esa violencia, que ya no encontraron valor por la vida serán obligados a salir a robar. Consumirán droga para olvidarse de la miserable vida que les tocó vivir. Y ahí la sociedad se va a dar cuenta de su existencia, la misma sociedad que lo ignoró cuando le pidió una moneda en la calle, cuando lo vió malabareando a los 5 años en el semáforo. La misma sociedad que miro para otro lado ante los casos de gatillo fácil, señalará su existencia cuando ese pibe salga a robar.

La baja de edad de imputabilidad aparece cada tanto en la escena de la discusión como la solución a los problemas; y aún muchos sectores que se oponen a ella, dan discursos acerca de la educación, pero no se atreven a nombrar que vivimos en un sistema que no le da muchas opciones a los pibes; y que de hecho el delito callejero es un negocio más para los ricos. No quedan dudas que hoy en día los derechos de los jóvenes están absolutamente vulnerados, y la baja de edad de imputabilidad sólo profundizará una situación que ya está dada, se saldrá a perseguir, y a cazar a muchos más jóvenes.

En los barrios, existe la pena de muerte perpetrada por las fuerzas represivas hacia todos aquellos que se resisten, que no quieren seguir el camino que se les manda; y lamentablemente cada 25 hs lamentamos la muerte de un pibe, joven, pobre, desarmado, bajo el gatillo fácil de la policía. Por lo que la discusión de la baja de edad punible no es otra cosa que esconder la realidad: que los pibes ya son imputables y que no tienen derecho a juicio alguno.

No existen leyes que en el marco de este sistema de opresión generen un Estado capitalista de derecho, es el sistema mismo el que genera la exclusión y marginalidad, y los gobiernoso son más que meros administradores de los negocios de la burguesía.

Los verdaderos delitos que han aumentado han sido los delitos contra nuestros bienes comunes, en los que empresas saqueadoras y contaminantes son responsables de cientos y miles de muertes y enfermedades que azotan siempre a los sectores más vulnerados. Este gobierno ha perdonado millones en deudas a empresas, que podrían ser invertidos en hospitales para salvar miles de vidas que se pierden día a día y en escuelas dignas que aseguren una educación de calidad. Hay verdaderos asesinos en la calle, y no son jóvenes morochos que usan gorra, estos asesinos son los banqueros, los dueños de los medios de producción, la policía y sus sistema judicial

Bajar la ley de imputabilidad no evitará que los jóvenes menores de 16 años cometan delitos, porque esos jóvenes han sido despojados de todos sus derechos, ya no tienen nada que perder, o como se dice en los barrios “ya están jugados”.

Insistimos en que no hay salida bajo este sistema de miseria y explotación, debemos replantearnos todos los dias que tipo de sociedad queremos construir y no depositamos ni un poquito de confianza, ni expectativas en quienes nos hambrean y nos matan todos los días y lo único que proponen está dentro de los marcos del capitalismo.

Afirmamos que la inseguridad es el capitalismo, es el mismo sistema el que nos mantiene inseguros ante la falta de educación, vivienda, trabajo, y salud.

La verdadera solución está en nuestras manos, como pueblo trabajador debemos dejar de mirar para otro lado, debemos unir nuestras fuerzas y luchar contra el verdadero enemigo, el que nos viene hambreando y robando todos nuestros derechos.

Como jóvenes apostamos a cambiar nuestra realidad y para eso vemos la necesidad de salir a las calles de rebalsarlas de bronca y avanzar en el camino de la revolución que nos haga ser hombres y mujeres plenos donde la juventud sea creadora y formadora de una sociedad donde el derecho a vivir nos llene de alegría y dignidad, ganemos las calles, los barrios, las escuelas para decir:

Ningún pibe nace chorro, no cambies la visera por la gorra!