Un 8 de marzo de 1857, un grupo de trabajadoras, obreras de la industria textil, salieron a las calles de distintas ciudades de Estados Unidos, reclamando por las pésimas condiciones de trabajo. Años más tarde, hacia 1908, en medio de reclamos y huelgas por la reducción de las horas de trabajo, mismo salario, muchísimas trabajadoras fueron asesinadas en manos del dueño de una de las fábricas. Dos años más tarde se declara el día de la mujer trabajadora el 8 de marzo.

            En este sentido, históricamente fuimos perseguidas, encarceladas, torturadas, y hasta quemadas, por reclamar, por exigir, por luchar y violentarnos para tener derechos, para que nos escuchen, para que se nos respete, y aún hoy en día, en este sistema opresor las mujeres seguimos siendo doblemente explotadas: por nuestro carácter de clase y de sexo.

            El sistema capitalista todos los días nos vende el estereotipo de mujer que “debemos ser”, las publicidades nos queman la cabeza sobre cómo debería ser nuestro cuerpo, que ropa debemos usar, y como debemos limpiar nuestra casa y esperar a nuestros maridos con la comida servida en la mesa.

            Es por esto, que podemos ser lindas y sensuales, sin ser cosificadas, que deberíamos poder elegir si queremos ser madres o no y esta decisión debería estar acompañada con la educación sexual en todos los niveles y la legalidad del aborto; claro que tener un hijo llena cada momento de la vida de una madre y un padre de felicidad, pero tenerlo por falta de educación sexual sin poder decidir o incluso morir por ello no debería sucedes.

            Son miles de mujeres las que mueren en los hospitales, en las casas, víctimas de la violencia que nos desangra como clase. El Estado en su conjunto y sus instituciones (policía, justicia, etc.) especialmente destinadas a la cuestión del género son funcionales a la explotación y claramente no están para protegernos, es por esto que no podemos confiar en ellos bajo ningún motivo. Ya que esto no se trata de una cuestión de género sino de clase, es decir el lugar que ocupamos en el capitalismo: explotados o explotadores.

            Ejemplo de esto son proxenetas, policías, jueces y políticos de ambos sexos que se llenan los bolsillos con la explotación de nuestra clase en general y en particular con las  mujeres, desarrollando las redes de trata, vendiéndonos como mercancía,  etc.

            Entendemos que la cuestión de la dignidad en el trabajo, en la salud, en la educación, no podemos encararlo solo desde la reivindicación de las mujeres sino como algo de todo el pueblo trabajador, luchando y organizando en conjunto arrancándole sin pedir permiso a los explotadores los que nos corresponde como clase. Exigimos trabajo genuino con salarios y jornadas en igualdad de condiciones pero, con horario para amamantar libremente, espacios donde se garantice la crianza y cuidado de nuestros hijos durante la jornada laboral.

            ¡¡¡No nos quedemos quietas!!! Las mujeres trabajadoras nos volvemos luchadoras ganando las calles, las escuelas, las casas y cada uno de los espacios que habitamos, organizando y peleándole al capitalismo, junto a los hombres que también padecen la explotación y la alienación, por una sociedad sin clases, sin opresiones.
Abonamos día a día a la construcción del poder del pueblo. Por eso nuestro camino es la lucha y la organización por cada una de esas mujeres que hicieron florecer la vida con su muerte y su incansable lucha por ser libres, por cada una de las desaparecidas, de las esclavas, de las explotadas, se seguirán alzando las armas por la revolución socialista para la liberación de toda la clase trabajadora en su conjunto.

8 DE MARZO: DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

¡¡¡LA MUJER OBRERA CON SU PUEBLO SE LIBERA!!!