La lucha por la emancipación de la mujer siempre ha ido de la mano con la lucha de los trabajadores contra los planes de explotación, saqueo y opresión. Las millones de mujeres que sufren la miseria y el hambre en sus hogares en toda Latinoamérica son una expresión clara de que su lucha no es la misma que la que pretenden en forma hipócrita levantar los empresarios y gobernantes de uno u otro partido de poder cuando hablan contra la violencia de género.

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No aceptamos “ir todos juntos” contra los femicidios y la violencia de género, porque no podemos aceptar que los responsables de la situación de miseria y opresión de millones de mujeres se quieran lavar sus manos manchadas de sangre en las redes de trata, en las comisarías, en sus planes de hambre y desocupación, en las represiones a las manifestaciones populares –donde la inmensa mayoría son mujeres-. Promover guarderías para todas las trabajadoras, trabajo en blanco y con un salario igual a la canasta familiar, atención y cuidado adecuado a los ancianos por parte del Estado, vivienda digna, agua y cloacas en los barrios, educación pública y de calidad para el pueblo, aborto legal, gratuito y seguro en los hospitales, de la mano de educación sexual efectiva; Estas políticas, que favorecerían la situación concreta de las mujeres, están lejos de ser promovidas por las distintas expresiones de las clases dominantes, ya sea que se pinten de amarillo, naranja, negro…aun cuando todas las mujeres sufran la opresión por su condición de género, lo real es que mujeres y hombres capitalistas trabajan de conjunto en función de su condición de clase contra los y las trabajadoras.

Nuestra lucha es contra sus planes de explotación, saqueo y opresión. Es el sistema el que bestializa a los hombres y mujeres en esta sociedad. Clara expresión de ello es la policía, que encarna los peores valores de este sistema, y es un sector donde la violencia de género está a la orden del día. Son las experiencias colectivas concretas en el camino de lucha del conjunto del pueblo trabajador las que permitirán ir construyendo sujetos que puedan desarrollar plenamente su sexualidad, sin las ataduras e investiduras capitalistas que nos oprimen y vulneran. El kirchnerismo –máximo responsable de empujar a la miseria y la precarización de las trabajadoras en la última década-; el radicalismo –algunos de sus dirigentes defendieron en las redes sociales a Piombo, el defensor de violadores-; el Partido Socialista –famoso por la complicidad con las redes de trata y narcotráfico en Santa Fe-, y tantas otras expresiones de la burguesía, son unos cínicos al levantar airosos las legítimas banderas de la lucha de las mujeres trabajadoras. No vamos a regalar nuestra historia, nuestra lucha nunca fue ni será la de ellos.

Nuestra lucha como mujeres trabajadoras es junto a nuestro pueblo, contra el poder de los capitalistas. Combatamos con todas nuestras fuerzas, todos los días, la violencia de género. Basta de femicidios. Construyamos poder popular para terminar con la barbarie cotidiana a la que nos empuja este sistema de hambre, saqueo y devastación de nuestra humanidad.