“Nunca tuve ni pensé, ni me acomplejó culpa alguna… ¿Por haber matado? Fui ejecutor de la ley hecha por los hombres. Fui guardador de preceptos divinos. Por ambos fundamentos volvería a hacerlo”

Esas fueron algunas de las palabras de Etchecolatz publicadas en su libro “La otra campana del Nunca Más”, en 1997. Este genocida, responsable de varios centro clandestinos de detención, entre ellos el Pozo de Quilmes y el Pozo de Banfield, participó de la Noche de los Lápices, y con causas por privación ilegítima de la libertad, de torturas, apropiación, supresión de identidad, violación y robo de bebes, está hoy viviendo en su casa del Bosque Peralta Ramos, en la ciudad de Mar del Plata.

Desde ese momento, se respira otro aire, aire de bronca, de lucha, de rebelión. Porque la sangre nos corre demasiado rápido y caliente, para dejar pasar otro hecho de injusticia e impunidad. El escrache, el repudio, a este genocida, represor, asesino y violador, debe ser constante, no debemos cansarnos de ir todos los días a marcarlo, señalarlo, a él y sus perros guardianes. Tenemos que sentir la obligación como pueblo con herencia de histórica lucha, y mucho más como jóvenes, el no permitir que este genocida descanse tranquilo en su casa.

No nos callaremos, ni permitiremos que otras organizaciones aplaquen la sangre que nos corre por las venas ante semejante impunidad. No confiamos ni un tantito así en la justicia de la burguesía, que defiende y defenderá siempre los intereses de personajes como Etchecolatz, de cualquier traidor de nuestro pueblo, de los empresarios, de los ricos, de los gobernantes, porque es su esencia. Nuestra justicia está en las calles, en el accionar de nuestro pueblo, que ya harto de que pisoteen nuestros derechos, no se calla y seguirá escrachando hasta que este asesino se vaya de  la ciudad.

No nos sorprende que la policía y prefectura sean sus perros guardianes. Esto también es parte esencial de este sistema, violento por naturaleza, que defiende con  balas y palos la desigualdad. Son los que persiguen, reprimen y matan a los que luchamos todos los días para terminar con la barbarie capitalista. Pero no les tenemos miedo.  Son tantos nuestros derechos arrebatados que ya no podemos perder nada más, excepto nuestras cadenas. Sabemos cuál es la única salida posible, la de la rebelión, la que implique tomar el poder en manos de los trabajadores y gobernar en pos del beneficio de todo el pueblo.

A Etchecolatz lo vamos a echar en la calle, no con amparos judiciales, ni pidiendo por favor y permiso. Llamamos a todo el pueblo, y en particular a la juventud a ganar las calles contra tanta impunidad. A expresar nuestra bronca, a dar la batalla, contra Etchecolatz y contra todo el Estado burgués y sus instituciones. Que un represor esté en su casa mientras los  detenidos en las jornadas de diciembre, continúan en el penal, mientras se persigue a  los trabajadores del Ingenio Esperanza  por luchar por sus puestos de trabajo, y meten presos a los integrantes de las comunidades Wichi y Mapuche es solo una muestra de la perversión del sistema; que deja libres a los asesinos y violadores que mantienen firme el sistema de opresión,  mientras los luchadores, la clase trabajadora llenan las cárceles.

Tenemos que mostrar nuestra fuerza como pueblo, somos capaces de lograr mucho más de lo que imaginamos, solo es necesario salir y luchar, si nos decidimos, estamos determinados a vencer.

NI UN MINUTO DE PAZ PARA LOS GENOCIDAS!

Juventud Guevarista – Poder Revolucionario.