Desde marzo de 1971, la unidad penitenciaria 6 de Rawson – provincia de Chubut, comenzó a recibir presos políticos. Los militares consideraban que al encontrarse a 1.500 km de la capital federal sería menos “peligroso” ya que no contaban con el apoyo cercano de casi cualquier tipo de organización político social, y además sería mucho más difícil la solidaridad hacia los presos políticos.

El contexto que vivía nuestro país, tenía como protagonistas a las organizaciones  revolucionarias fundidas en el pueblo trabajador. Las acciones de las distintas fuerzas políticas que planteaban un cambio radical de sistema, eran parte de las enormes luchas que se expresaban en las calles por las justas causas del pueblo. Sin duda alguna, todo eso debilitaba la dictadura de Lanusse, que como única salida, no dudó en profundizar la represión encarcelando a todos los militantes, obreros y estudiantes que se lanzaban a la lucha y que tenían la experiencia del Cordobazo aún presente.

Las detenciones eran arbitrarias, empezaban las primeras desapariciones sistemáticas, asesinatos por bandas paramillitares y torturas en las cárceles, a partir de allí la oleada represiva se generalizó. Una parte importante de los militantes presos fueron trasladados al penal de máxima seguridad de Rawson ya que por sus condiciones los militares creían que era imposible que se pudiera dar una fuga.

El escritor Rodolfo Walsh describe las condiciones del penal de la siguiente manera: “En abril de 1972 alrededor de 200 prisioneros políticos compartían 6 pabellones, colmando prácticamente la capacidad de cinco cuadras de la prisión, 500 efectivos de la policía provincial y una delegación de la Policía Federal, además de los 60 hombres del Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de Puerto Madryn, con helicópteros, a 60 kilómetros de Rawson, y la Octava Brigada del V Cuerpo del Ejército, en Comodoro Rivadavia”.

Como contrapartida, rápidamente se hizo sentir la solidaridad del pueblo de Rawson, la comunidad se organizó inmediatamente y las casas fueron abiertas para recibir a los abogados y a las familias de los presos que viajaban desde diversas regiones de nuestro país.

Esto elevó la moral y el  entusiasmo de los compañeros y compañeras para seguir formándose y militando desde la cárcel. Es en ese proceso de formación que tienen dentro de la cárcel donde se forjara la unidad revolucionaria. La cárcel se convirtió en un espacio más de militancia, de formación, de organización y de lucha.

En esas condiciones las organizaciones fueron metódicamente planeando la fuga desde el primer momento en que llegaron, porque estaban dispuestos a continuar por el camino de revolución, lo que significaba la conquista de la patria socialista.

El día 15 de agosto a las 18.30hs comenzó la toma del penal y la fuga. En diez minutos tomaron los puntos principales y redujeron a un grupo de aproximadamente 60 guardias. Por confusiones en las señas sólo lograron abordar algunos de los autos que estaban afuera esperando a un grupo de 6 compañeros, el resto debió aguardar remises para que los llevaran hacia el aeropuerto de la ciudad de Trelew. El retraso provocado tendría consecuencias fatales para las compañeras y compañeros. Ya sin tiempo, con las fuerzas de seguridad alertadas, el primer grupo que logró llegar al Aeropuerto de Trelew logró secuestrar un avión que los trasladaría a Chile. En este país serían recibidos por el entonces presidente de la Unidad Popular Salvador Allende, a quien por este acto de solidaridad le costaría la vida de su embajador en la Argentina. El primer grupo formado por Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Mena, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Narvaja (miembros de PRT-ERP, FAR y Montoneros), luego de  su paso por Chile siguieron su viaje a la Cuba socialista.

Este ejemplo de unidad de los y las revolucionarias es una muestra más del camino que tenemos que seguir quienes hoy luchamos día a día contra este sistema de opresión y muerte, porque las batallas dadas en nuestra historia son antecedentes que tenemos que tomar hoy en cada uno de nuestros lugares. Es el camino de la organización, la lucha y la unidad de los revolucionarios el que debemos seguir trazando y sabemos que no será fácil, que estará plagado de momentos dolorosos, de triunfos y derrotas, pero estamos decididos a avanzar para lograr una América libre de toda explotación y opresión.

Juventud Guevarista – OLNYS Fogoneros

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