El origen de la monogamia

Existió un estadio primitivo en el cual en el seno de las tribus no existían los límites prohibitivos sexuales, de modo que cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres. El primer progreso en la organización de la familia consistió en excluir a los padres y los hijos del comercio sexual recíproco, el segundo fue en la exclusión de los hermanos.

El tipo clásico de este tipo de “familia” es la punalúa, cuyo rasgo característico esencial era la comunidad recíproca de maridos y mujeres en el seno de un determinado círculo familiar, del cual fueron excluidos al principio los hermanos carnales y, más tarde, también los hermanos más lejanos.

En esta forma de familia por grupos no puede saberse con certeza quién es el padre de la criatura, pero sí se sabe quién es la madre. La madre llama hijos suyos a todos los de la familia común, pero no deja de distinguir a sus propios hijos entre los demás. Por eso, en todas partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia sólo puede establecerse por la línea materna.

Es de este tipo de familia de la cual surge la gens. Todos los miembros de la gens  tienen por tronco común una madre, y en virtud de este origen, los descendientes femeninos forman generaciones de hermanas. Pero los maridos de estas hermanas ya no pueden ser sus hermanos; por tanto, no pueden descender de aquel tronco materno y no pertenecen a este grupo consanguíneo, mientras que sus hijos pertenecen a este grupo, pues la descendencia por línea materna es la única decisiva, por ser la única cierta.

En cuanto queda prohibido el comercio sexual entre todos los hermanos y hermanas por línea materna, el grupo antedicho se transforma en una gens, es decir, se constituye como un círculo cerrado de parientes consanguíneos por línea femenina, que no pueden casarse unos con otros; círculo que desde ese momento se consolida cada vez más por medio de instituciones comunes, de orden social y religioso, que lo distinguen de las otras gens de la misma tribu.

La familia sindiásmica surge a finales del salvajismo y comienzo de la barbarie. En esta familia aparece por primera vez la idea de un hombre viviendo con una mujer como núcleo de familia,  aunque esta relación conyugal se disuelve fácilmente por una y otra parte y los hijos sólo pertenecen a la madre.

La familia sindiásmica no suprime el hogar comunista que existía hasta ese momento. En él viven muchas familias juntas: la tierra, los elementos, toda propiedad, es propiedad común. No existe en el seno de la comunidad el avallasamiento de una clase privilegiada sobre otra, pues las clases sociales no existen como tal. El hogar comunista significa predominio de la mujer en la casa, lo mismo que el reconocimiento exclusivo de una madre propia, en la imposibilidad de conocer con certidumbre al verdadero padre, significa profunda estimación de las mujeres, es decir, de las madres. Una de las ideas más absurdas que nos ha transmitido la filosofía del siglo XVIII es la opinión de que en el origen de la sociedad la mujer fue la esclava del hombre.

Así como el matrimonio por grupos es característico de la época del salvajismo, la familia sindiásmica lo es de la barbarie y la monogamia lo es de la civilización.

¿Cómo fue el pasaje a la familia monogámica? En América la forma más avanzada de familia fue la sindiásmica, hasta la llegada de la conquista. Otra historia fue la de Occidente. Antes, el alimento debía ser conseguido cada día, y todos los habitantes de una tribu debían trabajar por igual para obtenerlo. Pero en occidente  la cría de ganado había dado fuente de inmensas riquezas.

Estas riquezas en un principio pertenecieron a la gens. Pero muy pronto se desarrolló la propiedad privada de los ganados en mano de los jefes de familia, como también lo fueron los artículos de lujo y el ganado humano, los esclavos.

Detengámonos un momento en este punto. Los barbaros del estado inferior no daban ningún valor al esclavo. Los enemigos vencidos eran muertos o adoptados como hermanos. No existía posibilidad de tener esclavos porque en este estadio la fuerza de trabajo del hombre no produce ningún excedente apreciable sobre sus gastos de mantenimiento. Pero al introducirse la cría de ganado, la elaboración de los metales, la agricultura, las cosas tomaron otro aspecto. Sobre todo desde que los rebaños pasaron definitivamente a ser propiedad de la familia, la familia no se multiplicaba con tanta rapidez como el ganado. Ahora se necesitaban más personas para la custodia de éste; podía utilizarse para ello el prisionero de guerra, que además podía multiplicarse, lo mismo que el ganado.

Según la división de trabajo existente en ese entonces, el hombre debía conseguir la alimentación y los instrumentos de trabajo necesarios para ello. Así, era propietario de dichos instrumentos y en caso de separación se los llevaba consigo. Antes, la supremacía en la sociedad era de la madre, que garantizaba llevar adelante el hogar. Cuando empieza la posibilidad de acumular riquezas en la producción, esto dio poder a los hombres, dueños de esas riquezas. Pero esas riquezas no podían ser heredadas por sus hijos en una sociedad fundada en la gens.

 Cuando una persona fallecía, sus bienes iban a parar a manos de la gens a la que pertenecía dicha persona. Los hijos pertenecían a la gen de la madre y heredaban de ella, no así del padre. Al morir un hombre, sus bienes iban destinados a  su madre, hermanas, etc., más sus hijos quedaban desheredados de él.

Pero las riquezas, a medida que iban en aumento, daban, por una parte, al hombre una posición más importante que a la mujer en la familia y, por otra parte, hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden de herencia establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciera vigente la heredabilidad según filiación materna.

El derecho materno fue sustituido por el derecho hereditario paterno. Dice Engels: “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida.”

Los rasgos principales al aparecer los cimientos de familia tal como la conocemos hoy son los esclavos y la potestad paterna. De hecho, en su origen la palabra familia viene de los romanos y no es lo que hoy conocemos. La familia es el conjunto de esclavos que pertenecen a un hombre. Familia id es patrimonium; esta expresión refiere a un nuevo organismo social cuyo jefe tenía bajo su poder a la mujer, a los hijos y a un cierto número de esclavos, con el derecho de vida y muerte sobre todos ellos.

Añade Marx: <<La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado>>.

Para asegurar la fidelidad de la mujer y, por consiguiente, la paternidad de los hijos, aquélla es entregada sin reservas al poder del hombre. Este es el origen de la monogamia, que se basa en el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva.

La monogamia inaugura, juntamente con la esclavitud y con las riquezas privadas, aquella época que dura hasta nuestros días y en la cual cada progreso es al mismo tiempo un regreso relativo y el bienestar y el desarrollo de unos verifícanse a expensas del dolor y de la represión de otros. La monogamia es la forma celular de la sociedad civilizada, en la cual podemos estudiar ya la naturaleza de las contradicciones y de los antagonismos que alcanzan su pleno desarrollo en esta sociedad.

Grupo de Formación del Votamos Luchar

Bibliografía:

Engels, F. El Origen de la familia,