Para el sistema capitalista, el arte es uno de sus tantos recursos culturales que utiliza para reproducirse y perpetuar en el tiempo. Así, reproduce dinámicas sociales ligadas al consumismo, a la compra y venta de mercancías, al individualismo, la competencia y todo lo que le sea funcional. Para este sistema es arte, en tanto y en cuanto, pueda ser insertado en el mercado o, en su defecto, le sirva para sostenerse ideológicamente.

La cultura burguesa de esta sociedad, funciona cosificando a la mujer o lo no-masculino, en concordancia con la lógica del sistema de producción y reproducción capitalista. La mujer es un producto más, se compra y se vende. El teatro de revista, o los shows televisivos que giran en torno a la sexualidad o la ostentación, cada vez más burda, del cuerpo femenino, son quienes gobiernan por excelencia la producción artística hegemónica.

Por otro lado se incentiva la competencia entre productores artísticos ya sea por la obtención de recursos o por el sólo hecho de disputar quien es el mejor. En definitiva, el arte termina siendo algo que se vende y se compra, y su contenido es absolutamente funcional al sistema capitalista.

Desde la Juventud Guevarista, entendemos que el arte es una expresión de libertad propia a la condición humana, aunque tanto su producto, la obra, como el sujeto que la produce, se encuentran alienados. La música, la literatura, el teatro, el cine, la pintura, la plástica, la danza y las infinitas combinaciones que podamos experimentar son capaces de llevar a la superficie social aquello que el sistema reprime o somete por su orden social maquinicista. En este sentido, el arte traza líneas de fuga en nuestra subjetividad y se vuelve una vía de escape canonizada en las “formas artísticas”. Todo esto, porque la alienación y la explotación a nuestro pueblo trabajador le impide ver que su trabajo está atravesado por una dimensión artística, creadora y liberadora.

Debemos forjar un arte que sea una expresión del pueblo en términos de clase. Creemos que el arte es, entre otras cosas, una herramienta de comunicación y que como tal debe ser utilizada para la lucha del pueblo. Es un arma para la lucha, y debe ser comprendido como una construcción colectiva.

En la historia de nuestro país, podemos encontrar experiencias artísticas revolucionarias que pensaban en la cultura de los pueblos y que entendían al arte como una herramienta de lucha y un arma de denuncia y concientización de las masas, durante las décadas del ´60 y ´70. Una de ellas es el FATRAC (Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura), que se conformó a partir de 1968 por iniciativa del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y del cual hay indicios de su funcionamiento hasta 1971, al menos con ese nombre. Integraban este frente, artistas en su mayoría, pero también se encontraban estudiantes universitarios y profesionales. Sus principales referentes fueron Daniel Hopen, Raymundo Gleyzer, Haroldo Conti, Vicente Zito Lema, María Escudero, Nicolás Casullo, Humberto Constantini, entre otros.

El FATRAC puso en cuestión el rol de los artistas e intelectuales en la lucha del pueblo. Su intención, desde el principio, era la de acercar a los trabajadores de la cultura, tanto artistas como  estudiantes y profesionales de diferentes disciplinas, a la lucha popular en pos de un cambio de sistema y no de algún reformismo del capitalismo. Por definición, sostenían que el socialismo era necesario como sistema político económico y social, que mediaría para llegar a una sociedad ideal, al comunismo. Pero para llegar a esto sabían que el camino no iba a ser fácil. La guerra ya estaba declarada por parte de la burguesía argentina y por medio del aparato del Estado ya se pergeñaba a finales de la década del ´60 un plan para erradicar a los sectores populares combativos que intentarían llevar adelante la revolución. Desde el FATRAC no se estaba ingenuo a esto y depositaban su confianza en poder responder a esta declaración de guerra. De esta manera sostenían la importancia de concentrar a la mayor parte de los trabajadores de la cultura para que se involucraran en esta organización, desde la conciencia de clase que cada uno tuviera, para participar en diferentes formas y grados, desde la colaboración hasta las posiciones más vanguardistas desde lo político y hasta siendo parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Actualmente, existen expresiones artísticas que rompen con los parámetros establecidos propiamente de su disciplina, algunas critican o no al capitalismo y en algunos casos, lo hacen con perspectiva de clase.

Pensamos que en relación a lo artístico tenemos que trabajar la conciencia de clase, para poder darle una perspectiva revolucionaria a todas estas expresiones en sus diferentes variantes y formas, y a los artistas para gestar organización en pos del socialismo.

Por eso entendemos la importancia de tomar todas las expresiones revolucionarias pasadas y presentes y todos sus desarrollos en lo cultural y artístico. Debemos forjar una herramienta donde se construya, se debata, se intervenga para aportar al camino revolucionario y donde al fin cada uno y una se desarrolle en su vida plenamente.