Un 8 de marzo de 1857, un grupo de trabajadoras, obreras de la industria textil, salieron a las calles de distintas ciudades de Estados Unidos, reclamando por las pésimas condiciones de trabajo. Años más tarde, hacia 1908, en medio de reclamos y huelgas por la reducción de las horas de trabajo, mismo salario, muchísimas trabajadoras fueron asesinadas en manos del dueño de una de las fábricas. Dos años más tarde se declara el día de la mujer trabajadora el 8 de marzo.

Ante la llegada de un nuevo 8 de marzo, aprovechamos para reflexionar sobre la opresión histórica de las mujeres, que tuvo su punto más importante en la transición al capitalismo.

La división sexual del trabajo no siempre sometió a la mujer. Ya Engels aclaraba en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” que comenzó a notarse la desigualdad a partir del comienzo de la acumulación capitalista. Pero ésta comenzó a ser un “problema” principalmente en las clases que tenían la capacidad de acumular; mientras que las siervas y campesinas no se encontraban con sometimientos de parte de los hombres de su clase, no al menos de las características que comenzaban a verse en las clases más enriquecidas.

Hacia finales del siglo XIV comenzó a profundizarse la lucha que los campesinos libraban contra los terratenientes; aunque la historia oficial no lo cuente muy a menudo, toda la Edad Media se vio plagada de grandes expresiones de lucha de clases .

Fue en la transición al capitalismo que las clases dominantes encontraron la clave para dividir a los proletarios: Profundizando la división sexual del trabajo, definiendo fuertemente los roles masculinos y femeninos y colocando a la mujer, sobre todo a la mujer proletaria, en el último de los eslabones. Fuertes políticas se fueron imponiendo para lograr que esto sucediera, entre las que se pueden nombrar la instalación de prostíbulos del Estado, con el objetivo de cosificar, humillar y someter a la mujer. También aparecieron la prohibición del aborto y el uso de métodos anticonceptivos, que terminó condenando a la mujer a la maternidad obligada, cumpliendo el rol de la reproductora de la mano de obra del capital, y corriéndola del lugar de trabajadora, para ponerla en el ámbito de lo que se llama la “vida privada”. Se perdieron los conocimientos ancestrales que tenían las mujeres sobre su cuerpo, sus ciclos e incluso sobre las propiedades curativas de las plantas, que en muchos casos se utilizaban como métodos anticonceptivos o abortivos; en lo que se denominó “la caza de brujas”. Se incentivaba incluso a otras mujeres y hombres a delatar a las que fueran “brujas”, bajo amenaza de ser declarados/as cómplices. Se medicalizó el parto, y se persiguió a las parteras para que llevaran registro de cada embarazo. Todas estas medidas terminaron de establecer los roles que la sociedad le asigna a los hombres, relacionados al “ámbito público” o del trabajo y a las mujeres, al “ámbito privado”, obligandolas a ocuparse de las tareas del hogar y de la crianza de los hijos, sin tener la posibilidad de desarrollarse como trabajadoras, dependiendo de conseguirse un marido para que traiga el dinero al hogar.

Mucho más hay para profundizar sobre esa época, pero sin dudas, la opresión de la mujer fue un plan sistemático, ejercido de conjunto por los sectores adinerados y de la Iglesia; en busca de continuar con su posición privilegiada. Varios cientos de años después, la opresión de la mujer, incluso por hombres proletarios, sigue en pie. Pero no podemos dejar de decir que- indiscutiblemente- esa opresión nos afecta de conjunto, como clase, de manera que no nos permite luchar contra el verdadero enemigo, que es el Estado, que son los ricos, que es la Iglesia, que es esa gran clase opresora, la burguesía, los gobernantes, que no dudan, que no ponen en tela de juicio sus alianzas, sus acuerdos, a la hora de castigar a los trabajadores y a las trabajadoras. Los feminicidios, los homicidios en ocasión de robo, las peleas en los barrios, los “ajustes de cuentas”, son parte de ese plan de exterminio y de confrontación al adentro de la clase. Nos matamos entre nosotros, un hombre mata a una mujer, porque lo convencieron que ella es su propiedad privada – quizás la única que tiene – y que cuando ella no responda a sus gustos, puede decidir terminar con su vida. Cientos de pibes sometidos a la marginalidad, a la pobreza, sin acceso a la salud, sin trabajo, y sin educación toman como salida la droga o el delito, garantizado por la polícia, y matando a su propia clase, por un par de zapatillas, porque su vida ha sido totalmente desvalorizada desde que nació. Todos los días, nos levantamos y confrontamos una y otra vez con hermanos de nuestra clase, todos alienados, todos violentados. Y si no nos matamos entre nosotros está la policía, esos perros guardianes de la burguesía, con ese gatillo, siempre, tan fácil.

Es nuestra tarea, la tarea de las organizaciones que pretendemos ser revolucionarias, señalar correctamente, una y otra vez al enemigo. Ese enemigo que nos contamina, ese enemigo que nos saquea; ese enemigo que se adueña desde hace tanto, de todo lo que producimos como clase.

En este 2017, una mujer ha muerto cada 20 hs. La mayoría eran pobres. A la mayoría las mató su pareja, o su ex pareja. Pero tampoco podemos olvidarnos de las mujeres asesinadas por los poderosos; de los policías violadores de Natalia Melmann que buscan obtener la libertad; de los narcos asesinos de Lucía Pérez; de los impunes autores intelectuales del femicidio de la trabajadora social Laura Iglesias, y de cada uno de los miserables que secuestran cada día a una mujer para convertirla en esclava sexual. Otro caso, a modo de ejemplo, es el de Diana Colman una mujer que salió de su casa y fue desaparecida por ser mujer pobre, migrante, de un barrio periférico de Guernica – hoy la seguimos buscando -.

“Sin clientes no hay trata” reza una famosa consigna, casi ocultando que el verdadero responsable es el Estado, que los prostíbulos existen, porque hay un gobierno que lucra, porque hay un comisario que cobra la coima por mirar para otro lado, porque hay un juez que permite la impunidad, una clase burguesa que consume y explota, porque están convencidos que son nuestros dueños, porque estamos en un sistema criminal, que es el capitalismo, y que el capitalismo es patriarcal. Aun así, es cierto. Sin clientes, no habrá trata, porque es un negocio, pero los clientes no sólo están de este lado, los clientes no son sólo hombres pobres, sino también poderosos, que no sienten misericordia por nuestra clase, que están convencidos que son nuestros dueños.

Sostenemos entonces, que esto debe desaparecer, no debe existir quien nos compre, ni tampoco quien nos venda; por eso sin dudas, hay un sistema de valores, hay una organización de las relaciones de producción con la que debemos terminar.

Estamos hartas de que nos vendan como objetos de consumo de otros, que nos marquen de qué manera ser, decir y vestir. Un modelo de mujer alimentando por estereotipos,estándares de belleza, donde miles de mujeres pierden su vida intentando alcanzarlos para ser bien “aceptadas” en ésta sociedad de consumo,estereotipos que condicionan la relaciones humanas bajo los valores capitalistas patriarcales.

Sin embargo, no se deben dejar de visibilizar la importancia de las luchas de las mujeres trabajadoras, como cualquier lucha de cualquier sector, impulsando una perspectiva de clase y revolucionaria. Empoderarnos como mujeres implica la participación de conjunto donde se generen redes de mujeres, comisiones de base, donde la solidaridad se haga carne en cada una, y entre las mujeres que sufren situaciones de violencia o cualquier tipo de machismo puedan salir adelante, para que recuperen las fuerzas necesarias para continuar luchando por la liberación de la clase.

Debemos estar en cada lugar donde un trabajador o una trabajadora decide rebelarse, decida luchar por sus derechos. La lucha de las mujeres ha tomado fuerza porque nos hemos hartado de que nos maten, de que nos violen, de que nos sometan; de ser doblemente explotadas. Hombres y mujeres debemos dar la lucha por la igualdad de género, como hombres y mujeres debemos dar las luchas sindicales, como hombres y mujeres debemos dar la lucha por la liberación de nuestra clase, que es el fin indiscutible de cada una de las luchas que se dan. Construir el socialismo, derribar el capitalismo es la tarea. Terminar con los que quieren lucrar con todo, que nos matan de hambre, que nos violan, que nos dejan morir en los hospitales, que nos roban, que nos aumentan todo, que se adueñan de todo lo que es nuestro.

Como clase debemos tomar la justicia en nuestras manos, porque ha sido la única forma de luchar; nunca la justicia burguesa nos regaló nada, ni lo hará. Recordamos el caso de Rocío Girat en Mar del Plata, que a pesar de su padre haber sido condenado por abusos sexuales reiterados contra ella, quedó en libertad y la amenazó de muerte. El pueblo, lleno de bronca, y entendiendo que debía tomar el asunto en sus manos, atacó la vivienda donde se alojaba hasta que la sentencia quedara firme. El violador tembló de miedo y se entregó al día siguiente a la justicia, rogando ser encarcelado porque temía por su vida.

No caerá el capitalismo, si no derribamos el patriarcado, y no caerá el patriarcado si no derribamos al capitalismo, porque ambos son dos formas de expresión de la opresión del mismo sistema, porque ambos simbolizan el mismo sistema de explotación de nuestros vidas, la opresión del hombre por el hombre..

Porque no queremos poner más los muertos. No queremos llorar la pérdida de ni una más; no queremos ni una mujer menos, no queremos a ninguna persona de nuestra clase menos.

La salida, está en la calle, está en nuestras manos, solo tenemos que unirnos como clase, organizarnos y combatir juntos al enemigo. Tomemos el ejemplo de cada mujer luchadora, de Tanya Bunke, de Rosa Luxemburgo, de Alejandra Kollontai, de las mujeres combatientes del Ejército del Pueblo Paraguayo, de las compañeras que combaten a diario por la liberación en Kurdistan y de todas y cada una de las que dieron y las que continúan dando la vida por la revolución.

¡Ni sumisas, ni pasivas. MUJERES COMBATIVAS!

“Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer” Inessa Armand