Walter Bulacio tenía 17 años cuando lo mató la policía. Fue a ver un recital de los redondos y nos lo quitó la gorra. Fue brutalmente golpeado en una celda hasta que sus ojos ya no volvieron a abrirse.  Como Walter, son cientos los pibes que mata la policía en los barrios de pueblos y ciudades de la Argentina. La juventud es uno de los sectores a los que más teme el capitalismo; teme a su potencial, a su capacidad de organización ante las injusticias sociales, a su fuerza y empuje en momentos de cambio social. Es por esta razón que los gobiernos intentan –sistemáticamente- matarla, reprimir y amedrentar aplicando diferentes mecanismos de represión. Los jóvenes  que se encuentran “en la mira” son brutalmente golpeados, intimidados y, en muchos casos obligados a vender drogas o robar para la cana.

Durante el 2015 apareció el cuerpo de Luciano Arruga, gracias a los años exigiendo justicia y denunciando la complicidad del Estado con la policía narco que día a día nos asesina en las barriadas. A Luciano lo llevamos en las banderas como símbolo de la juventud que no transa con la mafia gobernante. Expresa la dignidad y la rebeldía que le dice a la policía: “yo no robo para vos, yo quiero que te lleves el paco de mi barrio, yo quiero que dejes de entrar a mi barrio a matarnos.”

Insistimos en que no fueron las instituciones del Estado las que sacaron a la luz lo que pasó con Luciano, así como tampoco fue la “justicia” la que rebeló los asesinatos de Darío y Maxi, ni la de Mariano Ferreyra. Fue la lucha del pueblo y sus organizaciones lo que permitió hacer visible aquello que el gobierno oculta, y ganar así pulseadas que se reflejen en avances en las causas y evidencias judiciales.

En mayo de 1987, la policía bonaerense fusila tres pibes en una esquina del barrio Ingeniero Budge, en Lomas de Zamora. La institución intentó hacerlo parecer como un enfrentamiento armado con supuestos delincuentes, plantando pruebas y testigos falsos. Pero no fue así, esa tarde los pibes fueron fusilados. Los vecinos del barrio se organizaron contra la violencia policial e incendiaron la comisaría para denunciar lo que se conoció como el primer caso de gatillo fácil. La metodología en estos casos es presentar y montar la escena del crimen, alterando así las pruebas de modo tal que contribuyan a confirmar la versión policial de los acontecimientos. Presentar los hechos como “simples enfrentamientos”  es una práctica para encubrir una ejecución por parte de las fuerzas represivas.

En este sentido, debemos preguntarnos cuál es la verdadera función que cumple la policía dentro de este sistema. Junto al ejército, la prefectura, la gendarmería, forman parte de las instituciones que conforman el Estado capitalista y defienden y están a disposición de los intereses de los poderosos, son sus perros guardianes.

El 26 junio de 2002, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki marcharon en las columnas de sus organizaciones e iban convencidos junto a miles de compañeros y compañeras, para ponerle fin al plan de ajuste del gobierno. Duhalde junto a Aníbal Fernández y Felipe Solá, dieron la orden a las fuerzas represivas (policía, prefectura y gendarmería) de reprimir. La tensión que se vivía en las calles fue alimentada con los primeros tiros. Maxi recibe un disparo y sigue corriendo. Cae a los pocos metros en estación Avellaneda, Darío lo ve y vuelve. En esos momentos, Franchiotti el comisario, quien estaba a cargo de la represión dispara también – junto a otros suboficiales- sobre el cuerpo de Santillán. Darío y Maxi eran dos jóvenes que luchaban por trabajo, dignidad y cambio social. Formaban parte de los que gritaban “que se vayan todos” en diciembre del 2001 cuando se volteó al presidente Fernando De la Rúa, nuevamente esos días el pueblo derramó la sangre de 39 argentinos por la represión en manos de la policía.

Cambio de gestión: continuidad y profundización de las políticas de  ajuste y represión

La victoria de Macri y su equipo no la entendemos, como un vuelco a los 90’s o un giro a la derecha de la sociedad,como sostienen aún ciertas organizaciones, sino como la continuidad del modelo y la máscara justa que necesitan las multinacionales y sus socios locales (Perez Companc, Bunge Born, Grobocopatel, Eltzain, etc.)  para profundizar aún más sus niveles de ganancias y explotación sobre nuestro pueblo (como desarrollamos en nuestro comunicado ”¿cambiemos? la profundización del modelo

En este sentido, el estado de emergencia en que se encuentran los sistemas públicos de salud y educación a nivel nacional es parte de un reforzado plan de ajuste donde colocan como garantía de aplicación, la profundización de la represión.  Su preocupación está dirigida a contener cualquier tipo de estallido social. Es asi como se han instalado, durante el gobierno de Kristina y en obediencia con los planes del imperialismo yanqui, aunque también chino, una serie de bases militares en nuestro país. De igual manera, el Estado destina millones a los servicios de inteligencia (AFI y otros), a las nuevas policías locales, a las cámaras de “seguridad” para aumentar el monitoreo, ampliando las esferas de control y sometimiento en las ciudades a partir de los sistemas de video- vigilancia.

El sistema capitalista estalla en crisis permanentemente y no se puede establecer de antemano cuál será la crisis que desembocará en los procesos determinantes de transformación social de la sociedad. Pero es claro que cuando nos matan un pibe no fue tal o cual policía, sino que fue el Estado operando a través de sus instituciones encargadas de reprimir. Deseoso de ocultar a sus ojos la miseria imposible de ocultar en los barrios, utiliza diversos mecanismos de represión sobre las capas más humildes y los sectores más empobrecidos de la sociedad.

Ya paso un año del asesinato de Ismael Sosa, que como Walter Bulacio, fue a ver su último recital. Era de Merlo, provincia de Buenos Aires y tenía 24 años cuando la policía de la provincia de Córdoba lo detiene en enero del 2015. Iba a ver un show de La Renga, nunca llegó a entrar al aeródromo de Villa Rumipal. Su cuerpo aparece dos días después. Muere ahogado luego de haber sido brutalmente golpeado. En esas semanas la policía bonaerense asesina por la espalda a Thomas Perez, en la ciudad de Mar del Plata. Como en otros casos, a Ismael y a Thomas los quisieron ensuciar, quisieron hacer creer que estaba drogado o robando, según cada caso. Estos pibes nos demuestran que no es un policía el responsable, sino que es toda la institución. Nos demuestra que el verdadero responsable de los casos de gatillo fácil es: el Estado. Pero no basta con saberlo, la juventud debe organizar la bronca, todo ese potencial de lucha y rebelarse, salir a las calles, contagiar al resto de la sociedad con su fuerza, su empuje, su predisposición a la lucha y la movilización. Debemos aportar a la lucha contra el capitalismo -sistema que es en definitiva, el mayor enemigo de la humanidad.

“Te invitamos a salir, a demostrar con nosotros,

organizadamente, la rabia, la impotencia…

A convertirla en Movilización,

en la unidad más amplia…

Porque no vamos a permitir que, en menos de un mes,

en nuestra población, hayan asesinatos…

Porque mañana puedes ser tú o tu hijo…

Levantate, Despierta,

No esperes el último momento…

Organízate, el pueblo te espera,

tus vecinos te esperan, la comunidad te espera…

Aporta decididamente, como pueblo a esta lucha…”    

Subverso-”Joven Combatiente”

 

Juventud Guevarista – Poder Revolucionario