El 26 de junio de 2002 caen asesinados por el gobierno de Duhalde en la estación de Avellaneda, Darío Santillán y Maximiliano Kostequi. A 15 años de sus asesinatos, es fundamental para nosotros retomar sus ejemplos de compromiso en la lucha contra los planes de hambre, saqueo y represión de los gobiernos de turno y tomar a la lucha concreta del Puente Pueyrredón como ejemplo de fortaleza, convicción y de respuesta de los trabajadores ante la represión del Estado.

Junio de 2002 es una referencia clave para todo nuestro pueblo, porque da reflejo de una fecha que caracteriza el compromiso militante, el lugar transformador de la juventud, la respuesta real y concreta de las organizaciones piqueteras a nivel nacional, frente a la desocupación y la miseria. En esa gran jornada de lucha, donde miles de compañeros y compañeras ganaron decididamente las calles, más allá del escenario montado por las fuerzas represivas, decidieron no bajar los brazos ni las banderas con las reivindicaciones más sentidas del pueblo trabajador.

Por su parte, Diciembre de 2001 arde en nuestra memoria porque nos muestra como pueblo lo que somos capaces de hacer frente a los distintos gobiernos que administran el Estado capitalista. Diciembre está en el arrojo de volcarse a las calles, está en la masividad de las asambleas populares, en los saqueos, en el resquebrajamiento del Estado de sitio de De la Rúa, en el avance frente a la represión, en la crisis institucional que cambiaron a 5 presidentes en una semana, en la lucha por un país que contemple los derechos del pueblo trabajador.

El 2002 tiene en los meses que sucedieron la fuerza de las movilizaciones del 2001, con la impronta de las organizaciones territoriales como protagonistas principales, por su masividad, su organización nacional y las acciones de presión política a los gobiernos de turno.

Para entender la batalla de puente Pueyrredón, no podemos dejar de mencionar las expresiones de unidad y lucha del campo popular, como lo fue la Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados que en junio de 2002 impulsó un plan de lucha contra Duhalde cortando importantes vías de tránsito.

Sentimos la necesidad de recordar a Darío y a Maxi en la calle y la obligación de multiplicar su ejemplo, enfrentando la represión y a los gobiernos de los ricos. Así como Darío y Maxi, son incontables los ejemplos de jóvenes que aportaron a la lucha popular en la historia de nuestro país. Debemos valorar todas las expresiones y las herramientas que impulsen saltos en conciencia, para tomarlas y usarlas para terminar con la comodidad, los prejuicios, el conformismo, la pasividad, el egoísmo, la subestimación, la falta de confianza en el potencial creador, el individualismo, para movilizarnos con mayores fuerzas y transformar radicalmente la desigualdad social.

El 2002 mostró parte de la fuerza que tenemos como pueblo organizado, de lo que fuimos capaces de hacer, y esto se evidenció ya que definitivamente se arrinconó, al gobierno de Duhalde, como se arrinconó a la policía.

El ejemplo de Darío y Maxi, nos muestra una vez más que las soluciones se ganan en la calle, no en los pasillos de los ministerios, ni por medio de las urnas. Se ganan, en la unidad del movimiento obrero ocupado y desocupado, de jóvenes estudiantes, bajo planes de lucha unitarios que reflejen la capacidad y la fuerza de nuestra clase, son la punta de lanza con la que los trabajadores vamos a ir abriendo caminos en nuestra realidad.

Necesitamos del compromiso que asumieron Darío y de Maxi y tantos miles de compañeros y compañeras en la lucha social, por construir más participación y organización popular, por crear codo a codo desde la fuerza de los sueños soluciones reales a los problemas inmediatos, pero fundamentalmente necesitamos ser protagonistas. No alcanza con la memoria inactiva, las razones para luchar se agravan y hay que actuar, recogiendo la experiencia popular, y abonando a proyectos políticos que se superen cada vez más en organización, que profundicen la lucha y nos muestren el camino de la revolución y el socialismo.

Necesitamos avanzar en la lucha directa contra el poder político, como así también avanzar en la construcción de cada vez mejores organizaciones políticas para expresar en el fuego de la práctica, la lucha por la toma del poder en manos de los trabajadores.

Porque sabemos que pudimos echarlos, porque sabemos que esa experiencia sigue en pie, porque no nos alcanza con cambiar algo para que nada cambie. Definitivamente queremos luchar por construir una nueva sociedad, para que verdaderamente gobierne el pueblo trabajador.

A 100 años de la Revolución Rusa, a 50 años de la caída del Che en combate, a 15 años de los asesinatos de Darío y Maxi, seguimos por el mismo camino, porque el socialismo está vigente, porque el mundo que soñamos es posible.

DARIO Y MAXI PRESENTE

EL QUE MURIÓ LUCHANDO, VIVE EN CADA COMPAÑERO

POR EL SOCIALISMO

TENEMOS QUE HACER LA REVOLUCIÓN