Se cumplen 40 años del golpe cívico-militar más sangriento y cruel de la historia de nuestro país. Desde nuestra visión, esta es una fecha de lucha, donde la memoria de esos compañeros que cayeron luchando o que hoy están desaparecidos, se reivindica en la calle, levantando las mismas banderas por las que lucharon ellos y trayendolas a nuestro contexto, donde la necesidad de la revolución, por las condiciones en las que viven las mayorías explotadas del mundo, es incuestionable.

La lucha de los pueblos de Nuestra América lleva en su seno la pérdida de miles de vidas por su definitiva liberación y tuvo a EEUU, junto a sus gobiernos títeres en la región, como verdugos de este derramamiento de sangre. Hubo muchos planes de represión impulsados por EEUU contra Latinoamérica, y en el Cono Sur, la dictadura en Argentina fue parte de la represión conjunta con Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil y Bolivia, todas ellas articuladas a través del conocido “Plan Cóndor”.

La dictadura en nuestro país vino a reorganizar la economía, es decir, su objetivo principal fue garantizar los negocios de las empresas extranjeras, amenazados por el desarrollo de la lucha revolucionaria, donde los bancos y el sector agrícola e industrial, fueron los principales beneficiarios, profundizando la concentración de la riqueza con extrema violencia en manos de dichos sectores y de sus socios locales (como Fortabat, Acindar, Blaquier, Bunge Born, Martínez de Hoz, entre otros). Pero para consolidar este plan se necesito liquidar a la organización popular, que se venía acumulando a través de distintas experiencias a fines de los `60, principios de los `70, donde las experiencias de la construcción de formas de doble poder fueron el punto más alto en la lucha política del pueblo argentino, teniendo como protagonistas a las organizaciones revolucionarias..

La lucha popular en ese contexto se caracterizaba por sus altos grados de confrontación: llegó a uno de sus puntos más altos de la historia de nuestro país, con grandes expresiones de unidad del movimiento obrero, el movimiento estudiantil, con grandes experiencias de resistencia a las dictaduras, con demostraciones arrolladoras de fuerza contra los gobiernos a partir de las puebladas como la del Cordobazo, y con experiencias de decenas de organizaciones revolucionarias (PRT-ERP, Montoneros, FAR, FAL, por ejemplo) que entendían que la única salida a la violencia impuesta del capitalismo, era la imposición de la justa violencia revolucionaria. De ahí que la lucha armada contra los enemigos del pueblo aparecía como una necesidad para el desarrollo de la revolución en Nuestra América, para la toma del poder y la construcción del socialismo. En ese sentido, toda Nuestra América sintió, luego del triunfo de la Revolución cubana, que la destrucción de este sistema y la construcción de otro basado en otras relaciones entre los humanos, no sólo era posible sino que era una deuda histórica para todos los pueblos que luchaban por su libertad,  lo que se reforzaba aún más por los procesos de liberación contra el colonialismo y el neocolonialismo en África, y, fundamentalmente, el triunfo de Vietnam contra el imperialismo norteamericano, como algunos ejemplos que por su trascendencia alentaban y reforzaban la convicción de luchas de millones a dejar todo por la revolución.

Para liquidar todas estas expresiones de la lucha, se preparó y reforzó una estrategia para robustecer el aparato represivo del Estado, cuestionado por el pueblo por el nivel de confrontación en la lucha. Las fuerzas armadas en el país fueron parte de los 50 mil militares latinoamericanos entrenados en la escuela de las américas ubicada en Panamá.  A su vez, en los ´70 las fuerzas represivas se formaron sobre métodos de tortura y desaparición con la escuela francesa principalmente, que se aplicó en Argelia. Hoy en día, las fuerzas represivas se siguen perfeccionando con la misma hipótesis de guerra sobre cómo combatir al “enemigo interno”, se crearon nuevas fuerzas como las policías locales, y se sigue torturando, secuestrando y desapareciendo en las cárceles, en los barrios, sobre todo contra los más pobres y vulnerables. La persecución y la represión son una política de Estado que trasciende a todos los gobiernos de turno, es por esto que entendemos la necesidad de remarcar esta política criminal existente también antes y después de la dictadura. Desde 1973 ya era conocida la creación, durante el gobierno de Perón, de la Triple A (Alianza Anticomunista de Argentina) de López Rega desde el Ministerio de Bienestar Social, de la CNU, del comando de libertadores de américa y muchos otros grupos paramilitares para perseguir y asesinar compañeros. Por otro lado, una vez agotado el proceso de la dictadura el ataque hacia el campo popular no cesó sino que continuó, lo que se refleja en las cifras, donde desde 1986 al 2015 hay un total de 4644 asesinados por gatillo fácil y torturas en lugares de detención, 70 asesinados en represión a movilizaciones populares y 200 desaparecidos (según CORREPI). Durante el Gobierno de los Kirchner se han tratado la Ley Antiterrorista y el intento de ley antipiquete (encabezado por Carlos Kunkel), que semanas atrás tomó forma de protocolo y fue ejecutado por el gobierno de Macri, para empezar a implementar contra el pueblo trabajador que se levanta y lucha por sus derechos. No nos olvidamos del abrazo reconciliador de Hebe de Bonafini y el represor Milani, para nosotros no hay reconciliación posible con los  represores  de ayer y de hoy. El Estado Capitalista es uno, más allá de la forma que puede tomar, y va a defender sus propios intereses,  nosotros no tenemos nada que ver con eso.

También debemos recordar a los pibes que no quieren robar para la policía, a aquellos que se niegan a ser parte de sus negocios de trata o de narcotráfico. En este sentido la represión es una clara política de Estado, que aplican los distintos gobiernos más allá, todos coinciden con reprimir, y así, entre otras cosas, contener los posibles desbordes frente a la extrema pobreza, la desigualdad social. Completando a esta represión preventivas, también se manifiesta la represión selectiva, con las miras puestas a todas las expresiones organizativas y de movilización del campo popular. La represión como política de Estado fue aplicada por todos los gobiernos de turno luego de la dictadura: Alfonsín, Menem, De la Rua, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Macri. Ningun gobierno vacila a la hora de desalojar, despedir, reprimir, encarcelar, desaparecer y matar al pueblo trabajador, y así defender sus intereses, que son propios de la burguesía, de los ricos, de los empresarios, del capitalismo.

Los miles de compañeros detenidos, exiliados, desaparecidos y los que sobrevivieron en la clandestinidad lucharon por quebrar definitivamente este sistema de explotación y muerte. La fortaleza y la confianza en que este mundo injusto se puede cambiar, fue una constante en los aportes de todos nuestros compañeros, a pesar de ser tachados de idealistas, de utópicos, de terroristas,  y de que nada se puede hacer por vivir mejor, que hay que conformarse, esos compañeros tuvieron la valentía de seguir y avanzar en el camino de la revolución socialista. Por más que esos compañeros no lograron hacer la revolución, sus ideas no desaparecieron sino que por el contrario hoy siguen vigentes, en nosotros, y en compañeros que en todo América seguimos apostando al camino de la Revolución, porque entendemos que es el único posible, que no existe un capitalismo humanizado, y que la única salida para los trabajadores es arrebatarles el poder y gobernar en pos de nuestros intereses.

Hay que destruir el capitalismo. Sólo no se va a caer. Son las manos de los trabajadores de América y del mundo las que lo tenemos que empujar y por fin conseguir nuestra felicidad y  libertad plena.

 

¡ 30000 compañeros desaparecidos  presentes!

¡Tenemos que hacer la revolución!

Juventud Guevarista – Poder Revolucionario