“El capitalismo es la tumba de toda esperanza de redención humana”
Mario Roberto Santucho

Un 19 de julio de 1976, eran asesinados por una patrulla del ejército genocida, comandada por el Capitán Leonetti, Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Ana Maria Lanzilloto y Liliana Delfino, ambas compañeras embarazadas y aún hoy desaparecidas, en un departamento de Villa Martelli, en zona norte de Buenos Aires. También fueron secuestrados ese mismo día Domingo Menna, y Fernando Gertel, todos compañeros parte de la dirección del PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores y Ejército Revolucionario del Pueblo). A su vez, los cuerpos de Santucho y Urteaga fueron desaparecidos en el centro clandestino Campo de Mayo.

Se cumplen 40 años del asesinato de los compañeros y del golpe cívico-militar más sangriento de la historia argentina. La dictadura, impulsada por el imperio Yankee, vino a imponer un plan económico, a garantizar negociados con las multinacionales que atentaban contra las conquistas populares y sobre todo a terminar con todo tipo de organización popular que se enfrentara a la dictadura o que cuestionara el régimen de ese momento. Especialmente las organizaciones revolucionarias, que proponían la única salida posible para nuestra clase: la revolución socialista. Estas organizaciones eran un verdadero problema para la burguesía y el imperialismo, y la situación de nuestro país no escapaba a la realidad de todo América latina, donde también distintos agrupamientos avanzaban en el mismo sentido.
A lo largo y ancho del país, se venían dando pasos firmes en el camino a la liberación, y la política revolucionaria se aplicaba en todos sus planos, disputando poder y poniendo en jaque al gobierno y a la burguesía. Amplios sectores del pueblo trabajador sentía crudamente las injusticias de este sistema y entendían que la lucha por la liberación era una verdadera salida. Los compañeros entendían que esa lucha era a muerte, y su convicción y compromiso por la revolución, hizo que entregaran su vida en pos de la misma, dejando de lado las individualidades que el sistema se encarga día a día de inyectarnos.

Hoy, 40 años después, seguimos apostando a la revolución socialista, en el mismo camino que esos compañeros. Entendemos que como pueblo seguimos sufriendo las mismas injusticias que sólo acabarán cuando gobierne la clase trabajadora en función de sus necesidades e interés de clase, y no en función de los ricos y los monopolios. Por todo esto, nuestra tarea hoy es seguir profundizando y avanzando en ese camino, tomando como ejemplo la experiencia del PRT y de otras organizaciones revolucionarias del continente, sin caer en dogmas, y teniendo como guía para la acción al marxismo-leninismo.
Es una necesidad como destacamentos revolucionarios en cada uno de nuestros países de construir el partido de nuestra clase, para poder desarrollar integralmente nuestra política, es decir, llevar la lucha a todos los terrenos donde el enemigo este.

Somos conscientes de que el camino sigue siendo la lucha, de que debemos cambiar el sistema de raíz, y construir una nueva sociedad donde no haya explotados ni explotadores, pero sabemos que mientras que no avancemos con una dirección política clara y unidad de los que luchan, en la que las grandes mayorías se vean reflejadas, será imposible golpear definitivamente a quienes gobiernan.

Con el ejemplo de Santucho, Urteaga, Menna, Gertel, Lanzilloto, Delfino, el Che, Enríquez y miles de luchadores de todo el mundo, tenemos que dar batalla para terminar definitivamente con el Sistema Capitalista, que nos mata día a día, y construir una sociedad verdaderamente justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano.

COORDINADORA GUEVARISTA INTERNACIONALISTA