El día 14 de junio de 2018 luego de años de lucha, logramos que el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo obtenga media sanción. Afuera, un millón de personas, muchas de las cuales llevan décadas reclamando el derecho, esperaban que se apruebe. Adentro, un puñado de cínicos simulaban debatir acerca del proyecto. Fieles representantes de la burguesía, que cobran cientos de miles de pesos todos los meses se adueñaban de los discursos históricos del movimiento de mujeres. Se lavaban las manos hablando de lo doloroso de las muertas por abortos clandestinos, sin hacerse cargo que fueron ellos/as mismos/as los que se negaron a aprobar tal ley. Simulaban que el aborto legal había comenzado a debatirse en marzo, y hasta llegaron a decir que era este gobierno el que había permitido su aprobación. Simulaban, es lo que saben hacer. Mentir, y hacer demagogia con nuestras muertas. La sangre de cada piba muerta en cada aborto clandestino es entera responsabilidad de ese parlamento, de este gobierno y los anteriores que se negaron sistemáticamente a hacerse cargo de que el aborto era una realidad.

Exceptuando a lo/as diputado/as de la izquierda, ninguno de los ahí sentados fueron parte de la lucha. Los discursos de algunas fieles representantes de la burguesía parecían emotivos, pero esos discursos fueron robados de los históricos debates que nos hemos dado las trabajadoras. Nada de sororidad: Lospenatto (Diputada PRO) es parte del gobierno que ha ajustado los últimos dos años, dejando a miles de mujeres sin trabajo, atacando políticas de bienestar social, afectando principalmente a las mujeres más pobres que soportan las cargas del hogar y el cuidado de la familia. Es parte del gobierno que mientras se votaba, ingresaba el proyecto de reforma laboral que traerá más precarización y pobreza a nuestro pueblo.
Diputadas del FPV, luciendo el pañuelo verde que escupieron durante 15 años; con una referente mujer que se cansó de decir que estaba en contra del aborto. En los 12 años del gobierno K murieron más de mil mujeres por abortos clandestinos; y se practicaron millones.
Aunque el presidente Macri se jacte de haber sido quien habilitó el debate en el parlamento, lo cierto es que ya desde antes la lucha del movimiento de mujeres gana las calles y obligaba a la burguesía a poner en agenda el reclamo. Las marchas del Ni una menos, las organizaciones de base, el 8 de marzo, los Encuentro Nacionales de Mujeres, vienen creciendo, toman una importante dimensión y se convierten en un lugar puntual para intervenir desde una perspectiva revolucionaria. Esto es muy importante, porque como sabemos al tener el movimiento una composición tan amplia, es necesario que primen las ideas de la mujer trabajadora, la identidad de clase y ayudar a desgastar aún más a las instituciones de la burguesía que son unas de las encargadas de llevar a adelante la opresión sobre la mujer.

Los debates sobre el aborto llegaron a los colegios secundarios. Las pibas empoderadas se plantaban sobre la misma idea: Aborto legal o clandestino. La juventud fue la gran protagonista de la jornada. Miles de pibxs en la calle, tomando escuelas, aprendiendo y enseñando, enfrentando los discursos retrógrados y conservadores. Los secundarios se tiñeron de verde desde días antes para culminar en un día enorme de lucha. En los actos y pañuelazos tomaban los micrófonos y contaban sus luchas, la opresión que sufren todos los días, y llamaban a otros jóvenes a enfrentarla, a no permitir más la violencia machista.
No nos queda ninguna duda que la enorme victoria del 13 y 14 de junio es producto de la organización de nuestra clase, resultado de años y años de lucha. No fue el parlamentarismo el protagonista, fuimos nosotras, encendiendo los fuegos de la lucha en cada rincón, inundando las calles, levantando nuestros pañuelos, debatiendo en las aulas y en los barrios.

El aborto legal será un avance para nuestro pueblo. Pero tampoco podemos ignorar que luego de su media sanción, el dólar volvió a dispararse, devaluando nuestros salarios y dejando a más hombres y mujeres trabajadoras en la pobreza.
Aún queda mucha lucha por delante. El ejemplo de aquella extensa jornada continuará iluminando nuestro camino, como tantas otras luchas de la historia de nuestra clase. Y no terminará con su aprobación en el senado, continuará exigiendo su implementación, continuará en los hospitales, exigiendo su cumplimiento, continuará en cada movilización contra los femicidios y la violencia patriarcal. Debe continuar siendo ejemplo para luchar contra la reforma laboral, para echar al FMI, para echar al G20.

Porque vivas, libres y desendeudadas nos queremos. La lucha deberá continuar hasta poder romper las cadenas que nos oprimen, y derrotar la explotación de la burguesía sobre nuestra clase.