Hablar de la masacre de Trelew es pararnos en el momento histórico que vivía Latinoamérica, en general, y nuestro país, en particular, hacia fines de los 60’s, principios de los 70: Las luchas de liberación nacional que se daban en los países capitalistas dependientes, la consolidación de organizaciones revolucionarias a lo ancho y largo del planeta, guiados por las enseñanzas del pueblo cubano y el Che, los primeros pasos en la construcción de una coordinación continental, en un proyecto político común, en herramientas de acciones comunes de carácter político-militar (por ejemplo, los primeros paso hacia la creación de la JCR), como así también, las experiencias políticas de las que el pueblo trabajador argentino en su conjunto se fue alimentando, una vez abierto el proceso de agudización de las contradicciones de la lucha de clases en nuestro país en 1969 con el Cordobazo.

En 1971 Rawson era una ciudad alejada de todo. El gobierno militar de Lanusse eligió el penal de esa ciudad para alojar a la inmensa mayoría de las personas presas políticas, que pertenecían a las organizaciones armadas y sindicales; muchas de las cuales habían participado en el Cordobazo y otras revueltas populares de la época. El objetivo era aislarles de sus familias y organizaciones; llevándoles a donde se decía “no pasaba nada”. Pero pasó. Testigos de la época que habitaban las ciudades de Rawson y Trelew cuentan que no sólo llegaban las personas detenidas sino sus familias y compañeres, que fueron recibides y alojades por el pueblo, que abrió sus casas y compartió su mesa. Ese intercambió profundizó la discusión política, y el pueblo donde no pasaba nada, comenzó a tomar conciencia y tener mayor información de lo que estaba pasando en el resto del país. Y así la ciudad se involucró y colaboró activamente en la fuga; una fuga que implicaba de una planificación sólo posible con el nivel de disciplina y formación que tenían las organizaciones armadas de la época; pero sobretodo con la profunda convicción de que debían estar en libertad para continuar combatiendo por la revolución socialista.

El escritor Rodolfo Walsh describe las condiciones del penal de la siguiente manera: “En abril de 1972 alrededor de 200 prisioneros políticos compartían 6 pabellones, colmando prácticamente la capacidad de cinco cuadras de la prisión, 500 efectivos de la policía provincial y una delegación de la Policía Federal, además de los 60 hombres del Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de Puerto Madryn, con helicópteros, a 60 kilómetros de Rawson, y la Octava Brigada del V Cuerpo del Ejército, en Comodoro Rivadavia”.

La solidaridad del pueblo elevó la moral y el entusiasmo de les compañeres para seguir formándose y militando desde la cárcel. Es en ese proceso de formación que tienen dentro de la cárcel donde se forjara la unidad revolucionaria. La cárcel se convirtió en un espacio más de militancia, de formación, de organización y de lucha.
El día 15 de agosto a las 18.30hs comenzó la toma del penal y la fuga. En diez minutos tomaron los puntos principales y redujeron a un grupo de aproximadamente 60 guardias. Por confusiones en las señas sólo lograron abordar algunos de los autos que estaban afuera esperando a un grupo de 6 compañeres, el resto debió aguardar remises para que les llevaran hacia el aeropuerto de la ciudad de Trelew. El retraso provocado tendría consecuencias fatales. Ya sin tiempo, con las fuerzas de seguridad alertadas, el primer grupo que logró llegar al Aeropuerto de Trelew logró secuestrar un avión que los trasladaría a Chile. En este país serían recibides por el entonces presidente de la Unidad Popular, Salvador Allende, a quien por este acto de solidaridad le costaría la vida de su embajador en la Argentina. El primer grupo formado por Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Mena, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Narvaja (miembros de PRT-ERP, FAR y Montoneros), luego de su paso por Chile siguieron su viaje a la Cuba socialista.

Diecinueve militantes no lograron llegar a abordar el avión y tomaron el aeropuerto, solicitando la presencia de los medios de comunicación para negociar su entrega, donde las fuerzas militares se comprometían a resguardar su integridad física. Siete días después serían acribillados mientras dormían, muriendo en el acto dieciséis de les diecinueve; les tres que sobrevivieron contaron la historia y fueron posteriormente desaparecides.
En el pueblo se acumuló mucha bronca y dolor; y como si fuera poco pasados dos meses de la masacre el gobierno militar decide llevarse detenides a dieciseis habitantes de la ciudad de Trelew, lo que provocó un estallido donde se tomó el teatro de la ciudad, se convocó a una huelga general y las calles se inundaron por miles y miles de personas que exigían la devolución de les dieciséis. Y en Trelew ya nunca pudo decirse que no pasaba nada….
Este ejemplo de unidad de las organizaciones revolucionarias y el pueblo es una muestra más del camino que tenemos que seguir quienes hoy luchamos día a día contra este sistema de opresión y muerte, porque las batallas dadas en nuestra historia son antecedentes que tenemos que tomar hoy en cada uno de nuestros lugares. Es el camino de la organización, la lucha y la unidad de les revolucionaries el que debemos seguir trazando y sabemos que no será fácil, que estará plagado de momentos dolorosos, de triunfos y derrotas, pero estamos decidides a avanzar para lograr una América libre de toda explotación y opresión. No podemos seguir esperando a que las condiciones se den, tenemos que generarlas, luchando en las calles, volteando a los gobiernos y poniendo en jaque el sistema que nos está matando; sin esperar a que otro gobierno nos venga a salvar; convencer a cada une que nos rodee que la salida está en nosotres, que es hoy y ya no puede esperar más.

Revolución Socialista o caricatura de Revolución.
Juventud Guevarista – Poder Revolucionario.